martes 5 de abril de 2011

Tres atardeceres tiene la esperanza

Hay zonas en las que el amanecer es la hora de la belleza. El momento del éxtasis y del color que marca en la retina el sello característico que da la tierra a cada uno de los hombres que la pisan, que la recorren o que echan sus raíces en ella.
Una vez leí una biografía de Marcos Ana, guerrillero hecho preso y encerrado en el campo de concentración de Albatera (Alicante, España) tras la Guerra Civil. En él contaba que si había algo que recordaba de su paso por el que fuera uno de los mayores campos de concentración de la historia eran los atardeceres. La Vega Baja (¿Alicante? España) tiene un extraño sentimiento de pertenencia. El otro día volví a escuchar que cuando a alguien de esta zona le preguntas de dónde es la respuesta siempre sobrepasa las fronteras del pueblo y se sitúa en la comarca. Es cierto, al menos a mí me pasa.
La Vega Baja es una zona en la que priman sus atardeceres. Se conforma sobre una llanura formada como delta por los materiales sedimentarios transportados por el Segura. A la mayoría de vosotros os bastará con saber que es completamente llana excepto por tres ondulaciones: las Escoteras, la sierra de Orihuela y la Sierra de Callosa. Esta última es un peñón en mitad de la nada y a esta última es a donde vierte el sol sus últimos rayos antes de abandonar el cielo perdiéndose por un inmenso horizonte.

Hoy no hacía sol. Salí a correr y atravesé esta acequia

A pesar de que su agua sea negra deberéis saber que esta es la Acequia mayor de Almoradí. Su diseño árabe toma sus aguas del Azud del Alfehitamí, una presa que retiene aguas del Río Segura desde hace más de doce siglos y que da nombre al instituto al que fui. Su agua negra se debe a los vertidos realizados en las vegas Media y Alta, entre los que se encuentran mercurio y demás materiales pesados, y a la reducción de caudales que se ha hecho en la Presa de Ojós para regar el campo de Cartagena.Esa es la Presa de Ojós en una foto tomada hace dos meses. Lo que se ve antes de la presa es el caudal íntegro del Rio Segura mezclado con aguas del Tajo. Lo que se ve después es el caudal que llega a mi tierra. Las aguas que se extraen se usan para regar zonas tradicionalmente de secano o de reciente roturación (menos de treinta años) y campos de golf que supuestamente atraen turistas aunque se les construyen guetos para que no tengan que relacionarse con los castizos lugareños. Uno de esos campos de golf quiere destruir una de las últimas zonas de costa que queda virgen en el levante español, Calblanque.


Pasado este puente atravesé campos de naranjos. Actualmente están en flor y el azahar perfuma el ambiente con una intensidad que ni la mejor de las esencias podrían captar. Este es el camino por el que suelo correr cuando me sobra tiempo


Los pivotes naranjas los pusieron cuando hicieron una casa que está en el lateral de ese camino y eran para que los camiones supieran por donde pasar. Lo que se ve al fondo es Almoradí, mi pueblo. Precisamente esos edificios están cerca de mi casa. El árbol grande es una morera. La peculiaridad de las moreras se encuentra en su raíz. Cuando una morera echa raíces es capaz de levantar el asfalto. En su búsqueda por la supervivencia es capaz de destrozar tuberías de plomo o capas de asfalto y hormigón. El huerto vallado es de naranjos, el que se ve al fondo está en barbecho.

Al final de ese camino está mi paisaje favorito. Hoy no era el día elegido para verlo y aún así ha vuelto a impresionarme. En él se contempla la grandeza de una tierra fabricada a golpe de legón durante siglos. La Vega Baja se extiende por toda la llanura que crea el Segura a través de minifundios. Cada uno de estos minifundios tiene una propiedad diferente y marca los límites de su terreno con árboles frutales y acequias que lindan cada uno de los cultivos, aunque cada vez más estos lindes se van delimitando con vallas de red de malla.

Este es el primero de mis atardeceres. Cuando fumaba solía pasear por aquí mientras liquidaba un cigarro cuando necesitaba calmarme.
La montaña que se ve al fondo es la Sierra de Callosa. Ahora no se ve, pero el sol suele esconderse a sus espaldas creando un efecto que simula una hoguera. Parece como si el horizonte estuviera en llamas.

El segundo atardecer que he visto hoy ese este

Lo que se ve en primer plano son dos cajas vacías. Por si sois muy urbanitas deciros que las usan para llenarlas con la cosecha. Este año no ha habido cosecha, los precios son tan bajos que sale más rentable dejar que las matas se echen a perder. Esto puede ser la ruina para mucha gente.

El tercer atardecer que he visto hoy ha sido este




Nuevamente vueve a estar la Sierra de Callosa presidiendo imponente el horizonte, pero esta vez en primer plano encontramos una flor amarilla, flor que refleja la luz y, aunque en la foto no pueda apreciarse apenas, parece subrayar el horizonte poniéndo énfasis en un concepto que hace suponer que lo mejor esta por llegar, que está al fondo, en el horizonte y que para alcanzarlo sólo queda caminar. Es curioso, esta flor es el desarrollo del cultivo abandonado que había en el segundo atardecer y si se hubiera recolectado nunca habría llegado a salir.



Este último atardecer os lo regalo a vosotros, a los que hayais llegado hasta aquí aguantando la insufrible diatriba. La próxima vez que os hablen de la Vega Baja no sólo debeis pensar en focos de corrupción y monumentos al ladrillo, también en focos de esperanza y algún reducto de belleza que queda en su huerta. Siempre queda algo aunque sólo sea la esperanza
Quien me conoce sabe que echo raices en esta tierra, sólo espero que sean como las de la morera...

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