martes 22 de febrero de 2011

¿Por dónde sangran los sueños?

Nadie habla cuando queda en evidencia que el combustible que nos transporta es la sangre. La de la revolución o el simple cambio, la de la lucha hacia lo mismo o la retaguardia del pensamiento. Sangre en el depósito y un rebaño de ovejas avanzando hacía la defensa de posiciones estables, hacia un mundo mejor. Hacia una sociedad que beba de la fuente del eterno suministro. Que viva de llantos, de dioses de trapo y alambre, de oros y bastos como única fuente de inspiración. Aleja el sufrimiento de mi conciencia y llévalo allá dónde ni siquiera sepa que existe, pero enséñamelo cada noche para saber a qué me atengo.

Nadie nos ha dicho donde empieza la mentira, donde se explayan los poderes y de qué están hechos los sueños en la era del plástico, la del todo vale, la del dinero por el dinero. Las divisas se enmudecen ante los hombres, ciertos hombres, esos hombres que asaltan a la banca imponiéndole sus normas. Se mantiene estable el tablero mientras todos tragamos sangre.

Todos hablan de progreso, pero sería conveniente conocer la dirección. En un espacio tridimensional necesitaríamos un punto de referencia sujeto a cada vector. Dónde está Siria, dónde Damasco, dónde Madrid, ¿por dónde sangra cada una de esas ciudades? ¿quién usa su sangre para moverse?

Programas de cámara en mano nos dicen que Madrid sangra en sus arrabales. En sus chabolas y en los llantos de pobres, incultos y gitanos que no pudieron llegar a jeques ni camellos, que no trafican con drogas, armas o mujeres.

Programas de cámara fija nos muestran la realidad en Libia hoy, pero la de ayer. Nadie habla ya de lo que ayer era parte de un reportaje de costumbrismo. Los caballos de Aznar o las jaimas de Málaga, del ejército de vírgenes o la Guardia Real. Entre una y otra de realidad han seguido sangrando los mismos, pero nosotros no lo sentíamos, por que decimos que todos somos iguales.

Porque dioses de madera se empeñan en hermanarnos, pero su herida no es la nuestra. Porque cerrar su hemorragia nos va a desangrar con los precios del crudo, que es la sangre de un sistema que se alimenta de sangre. Porque acabar con su sufrimiento nos hará sacrificar nuestros dioses de trapo, convertirlos en humanos y transformarnos en mortales y ciertamente, ¿estamos preparados para dar ese paso?




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