Nadie tiene por qué entenderlo puesto que la justificación está en tus ojos, el aval es tu sonrisa y mi decisión late en tu piel. Tu mano me mece, tus susurros me calman y las calles que nos traen la intimidad no existirían si no sirvieran para llevarnos a la oscuridad, que nos guarda y nos protege de todos aquellos que, en realidad, no tienen por que entendernos.
¡Qué bonico!
ResponderSuprimiren esos casos los demás sobran... es cosa de dos. grande!!
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