Me pregunta si conozco la palabra de Dios y recurro al manido chiste de preguntar de cuál. Me contesta manteniendo su sonrisa: del único y verdadero. Me mantengo en mi línea diciéndole que todos son únicos, verdaderos y omnipotentes, y dentro de su omnipotencia ninguno consiguió que encontrara trabajo ni evitó que me dejara mi mujer y se llevara a mis hijos.
En ese momento le cambia la cara, de bobalicón pasa a una cara forzada de compasión. Seguro que se estaba corriendo por dentro, esta gente disfruta de las desgracias ajenas porque gracias a ellas se hacen grandes. Entonces me pregunta si me siento desgraciado. Le digo que sí, pero que he encontrado sosiego en las religiones politeístas, que tienen un dios para cada uno de mis problemas, su atención es más personalizada y pase lo que pase hay un ser omnipotente que respalda mis iniciativas y mis desgracias. No es como estas religiones monoteístas que solamente se acuerdan de sus siervos a la hora de recaudar y para montar manifestaciones para seguir recaudando. Las religiones politeístas tienen un delegado diferente para cada uno de mis problemas.
Alega en defensa de sus intereses que dioses sólo hay uno y que él siempre está cuidando de mí. Le digo que cuando me dejó mi mujer me volví medio alcohólico y ahí estaba el dios Baco para cuidarme. Cuando me peleé con el tipo con el que me ponía los cuernos mi mujer y con su abogado tenía al Dios Marte de mi parte, Afrodita (o Cupido) me hizo encontrar una nueva pareja que me quiere y con la que he rehecho mi vida y que espero sinceramente que cuando muera, después de una vida terrenal marcada por fijarme mi propio destino a partir de mi propia moral, Jesucristo o su padre, en caso de existir, hagan honor a las palabras que de ellos se mencionan en la biblia y dentro de su infinita bondad me acojan en su glorioso rebaño cual hijo prodigo. Prefiero irme con ellos porque Zeus no tendría tanta compasión, parecía un poco más irascible con sus rayos y todas esas cosas.
El hombre volvió a la sonrisa bobalicona, miró hacia el cielo en un intento de disimular para ganar tiempo. Era la primera vez que conseguía hacer callar a un vendedor de enciclopedias bíblicas a domicilio. Llevaba meses ensayando mi discurso delante del espejo, pero había triunfado sin que la diosa Niké interviniera para nada.
Me ha encantado!! :D
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